Los
seres humanos estamos constituidos por tres componentes: cuerpo, mente y alma.
En correspondencia con ellos, hay tres
necesidades que es preciso satisfacer para llevar una vida plena: la necesidad
física es la salud; la necesidad psicológica es el conocimiento; y la necesidad
espiritual es la paz interior. Cuando las tres se hallan presentes, hay
armonía.
La sociedad moderna
afronta problemas que afectan a los tres aspectos. El estilo de vida actual,
con sus maravillas tecnológicas, tiene sus pros y sus contras. Se consigue
comodidad y velocidad a costa en parte de la salud física. Aparatos que ahorran
trabajo reducen al mínimo la fatiga física, provocando rigidez y debilidad
muscular. La vida sedentaria causa dolores de espalda y cuello, pesadez en las
piernas y dificultades al caminar. El uso excesivo de los medios audiovisuales
de comunicación provoca cefaleas y astenopía (fatiga visual).
La ansiedad de un mundo competitivo debilita los
recursos internos, facilitando la aparición de problemas relacionados con el
estrés, como, por ejemplo, el insomnio y ciertos trastornos digestivos,
respiratorios y nerviosos. Si las tensiones no se equilibran dedicando tiempo a
la reflexión tranquila, la calidad de vida empeora.
Las modernas tendencias de pensamiento son un crisol de antiguas y nuevas ideas.
Las modernas tendencias de pensamiento son un crisol de antiguas y nuevas ideas.
Los valores
artificiales que provienen de la obsesión por poseer cosas materiales y del
interés personal provocan la alienación del propósito espiritual de la vida. La
falta de creencias puede llevarnos a perder el sentido de nuestra propia
identidad.
El Yoga nos ayuda a
resolver todos estos problemas. A nivel físico, alivia innumerables dolencias.
La práctica de las posturas fortalece el cuerpo y genera una sensación de
bienestar.
Desde el punto de vista psicológico, el Yoga agudiza el intelecto y ayuda a la concentración. Estabiliza las emociones y nos alienta a preocuparnos por los demás. Sobre todo, da esperanza. La práctica de técnicas de respiración calma la mente. Su filosofía sitúa la vida en perspectiva. En el terreno de lo espiritual, el Yoga aporta conciencia y la capacidad de mantener la calma. A través de la meditación, se experimenta la paz interior.
Así, el Yoga es una filosofía práctica que abarca cada aspecto del ser de una persona. Enseña al individuo a evolucionar mediante el desarrollo de la autodisciplina y la conciencia de sí mismo.
Cualquiera, sin distinción de edad, salud, circunstancias vitales o religión, puede practicar el Yoga.
Desde el punto de vista psicológico, el Yoga agudiza el intelecto y ayuda a la concentración. Estabiliza las emociones y nos alienta a preocuparnos por los demás. Sobre todo, da esperanza. La práctica de técnicas de respiración calma la mente. Su filosofía sitúa la vida en perspectiva. En el terreno de lo espiritual, el Yoga aporta conciencia y la capacidad de mantener la calma. A través de la meditación, se experimenta la paz interior.
Así, el Yoga es una filosofía práctica que abarca cada aspecto del ser de una persona. Enseña al individuo a evolucionar mediante el desarrollo de la autodisciplina y la conciencia de sí mismo.
Cualquiera, sin distinción de edad, salud, circunstancias vitales o religión, puede practicar el Yoga.
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